La paciencia y la disciplina siempre pagan si eres constante
- Juan Pablo Altamirano

- hace 4 horas
- 7 min de lectura

No construyas para que se vea bien desde afuera. Construye para que aguante desde adentro.
No te voy a decir que hoy comienza algo, porque sería mentirte. Este blog no nace hoy: nace de años escribiendo, grabando, dando clase, subiendo a un templete a decir cosas incómodas y bajándome de ahí sin saber si alguien las iba a usar. Lo que pasa hoy es distinto y, de alguna manera, más importante: por fin todo eso deja de vivir repartido en media docena de plataformas, apps y perfiles, y se junta en un solo lugar, dentro de mi propia casa digital.
Y eso, que suena a un detalle técnico de "migré mi blog a mi página", en realidad es el mapa de los últimos tres años de mi vida.
Tres años sin señalamientos claros
Llevo casi treinta años como profesor universitario. Llevo más de veinticinco en marketing, ventas e imagen pública. Y aun así, los últimos tres años han sido de los que más me han costado sostener el enfoque, no porque no supiera hacia dónde iba, sino porque tenía que reconstruir la ruta mientras la caminaba.
Redefinir una meta no es simplemente cambiar de opinión. Es aceptar que la versión anterior del plan ya no te sirve, aunque te haya costado sangre construirla. Es sentarte, otra vez, a mirar el mapa cuando ya creías que lo tenías memorizado. En este tiempo tuve que concentrar mejor la puntería: dejar de intentar estar en todos lados a la vez —el blog aquí, las columnas allá, la consultoría por su lado, las redes sueltas, cada quien jalando para su lado— y empezar a construir algo que finalmente jalara todo hacia un mismo punto.
No fue lineal. Hubo semanas de creer que ya lo tenía resuelto, y meses después, volver a empezar. Pero cada vez que tuve que rendirme a una solución que no funcionaba, encontré otra. Y esa es, quizás, la única disciplina real que aprendí en este tramo: no la de nunca caerte, sino la de no quedarte esperando a que alguien más venga a levantarte el mapa.
La conferencia que no era solo una conferencia
En medio de esta reconstrucción, tuve el honor de pararme frente a jóvenes universitarios y hablarles de algo que no se enseña en ninguna materia: cómo empoderarse para lograr sus sueños y alcanzar sus metas, sin el filtro edulcorado de las pláticas motivacionales de siempre.
No les vendí positividad. Les hablé desde casi tres décadas frente a un salón de clases, desde los más de 10,000 emprendedores y dueños de negocio que he capacitado en México, Estados Unidos, Colombia y España, desde los errores que yo mismo cometí y que no pienso disfrazar de sabiduría instantánea.
Esa conferencia ya se dio. Ahora viene la parte que casi nadie ve desde afuera: tocar puertas en otras universidades, buscar espacios, insistir donde antes me daba pena insistir. Porque una cosa es tener el contenido —eso ya lo tengo, con 29 años de experiencia respaldándolo— y otra muy distinta es construir la ruta para que llegue a más salones, a más jóvenes que están por decidir en qué carril de la vida se van a meter.

Aprender a cuidar el dinero, no solo a ganarlo
Este tramo también me obligó a sentarme, con la vanidad a un lado, a aprender cosas que no sabía sobre inversiones, sobre cómo se cuida y se reproduce el dinero, más allá de generarlo con el trabajo del día a día.
Me titulé con honores de un MBA con especialidad en Finanzas, y aun así, entender el dinero como algo que se cultiva —no solo como algo que se cobra— fue una lección distinta, más lenta, más incómoda. Porque no se trata de tener el título, sino de aplicarlo en tu propia vida, cosa que casi ningún consultor practica con la misma disciplina que predica.
Cancelar lo que te está matando lento
Hay una decisión que tomé en este tiempo que no suena nada espectacular, pero que me cambió el cuerpo entero (literal): Desinstalé X de un par de dispositivos.
Si bien mantuve un "Space" en esa plataforma durante más dos años, con más de 300 programas más de 600 horas al aire, hablando de los problemas que aquejan a los adultos. Pero cuando eso dejó de funcionar para mí y cobré conciencia de cómo estaba siendo usado, me fui del programa pero no de la red.
Sé exactamente cuánto veneno puede caber en 280 caracteres y entonces me propuse obtener ingresos por interacciones en la plataforma y lo conseguí, al menos durante 8 meses. Elon Musk, pagó por interacciones, pero eso tampoco me estaba llevando a donde yo quería.
Por el contrario, cada vez consumía más de mi tiempo y salud, hasta que con los cambios al algoritmo, las nuevas normas para contenido y mi "entripamiento" a partir de las noticias que veía todos los días, enfermé y desinstalé la aplicación. En algún momento me di cuenta de que no estaba desahogando nada, por el contrario, estaba alimentando la misma ansiedad que después no me dejaba dormir ni comer bien.
De modo que ahora, cada vez que siento el impulso de entrar a X pues me topo con un "no se va poder" no hay app. La desinstalé y la ansiedad se redujo, literal, a la mitad, duermo mejor, mi estómago dejó de cargar con lo que mi cabeza no quería soltar. Y en verdad, no hay ninguna motivación de posters de oficina detrás de esto: es simple responsabilidad conmigo mismo. No vendo positividad, hablo de responsabilidad, y aquí me tocó aplicármela primero a mí.
Rendirte no es lo mismo que serenarte
Aquí va una distinción que me costó años entender: hay una diferencia enorme entre rendirte y serenarte.
Rendirte es soltar la meta. Serenarte es soltar la necesidad de controlar cada paso del camino hacia esa meta. Yo tuve que aprender a serenarme, a aceptar la realidad tal cual estaba —no como yo hubiera querido que estuviera— y desde ahí, mantenerme en el plan.
Y la vida, con una puntería que a veces asusta, te vuelve a poner en las mismas circunstancias. Te hace repetir el examen. No porque sea cruel, sino porque necesita comprobar si de verdad cambiaste o si nada más lo dijiste bonito en una columna. Cuando eso pasa, la pregunta ya no es cómo evitar equivocarte. Es más simple y más incómoda: ¿de qué lado quieres equivocarte esta vez? Yo elegí, otra vez, equivocarme del lado correcto. El que no se siente cómodo hoy, pero que no factura con intereses después.
Soltar, aunque te deje solo un rato
En este tramo también solté cosas. Personas, apegos, versiones de un futuro que ya no correspondían a quien me estaba convirtiendo. Y sí, eso deja un tramo de soledad que nadie te vende en las pláticas de desarrollo personal.
Pero soledad no es lo mismo que estar perdido. Se puede estar solo y, al mismo tiempo, saber con certeza que vas en la dirección correcta. Reinventarse tiene ese precio: por un tiempo caminas sin la compañía que tenías antes, mientras se abre espacio para las personas y las oportunidades que sí van a caber en la vida que estás construyendo, no en la que estás dejando atrás.
La emoción de ver todo integrado
Y llegamos a hoy. A esta sensación —extraña, casi incómoda de lo buena que se siente— de ver todo finalmente conectado en un solo lugar.
Me acuerdo perfecto de la ansiedad de tener todo listo pero no saber por dónde empezar. De esos días en que, para no sentirme paralizado, empezaba por lo fácil —acomodar un detalle sin importancia, revisar algo que ya estaba resuelto— y al final del día había estado "ocupado" sin haber avanzado realmente en nada. Esa trampa se disfraza muy bien de productividad.
Lo que sí sostuve, incluso en los tramos donde el ánimo no daba para más, fue seguir escribiendo mi columna en Soy.Marketing cada quince días. No porque tuviera ganas todos esos días —hay que ser honestos, no siempre las hay—, sino porque entendí que la disciplina no se cultiva cuando tienes ganas. Se cultiva precisamente cuando no las tienes y cumples de todos modos con lo que te comprometiste a entregar.
Ese hábito, sostenido a pesar del ánimo, terminó siendo el entrenamiento que necesitaba para llegar a este momento: el de integrar todo lo que traía repartido en un solo espacio, con una ruta que por fin se ve más pavimentada.
Lo que también aprendí: el mailing no está muerto
Una lección más, menos emocional pero igual de importante: aprendí sobre estrategia de mailing y por qué tenía que dejar de creer la creencia absurda de que "casi nadie abre sus correos".
La gente sí abre correos. Lo que no abre es correo genérico, sin voz, sin nada que decir. Esa es otra pieza que se integra ahora a la estrategia: no se trata de gritar en todos los canales posibles, se trata de construir cada canal —blog, columna, correo— con la misma responsabilidad de fondo.
Con, sin y a pesar de...
Así se hace al principio: con lo que tienes, con lo que puedes, aunque te tengas que partir en varias partes para sostenerlo todo. Nadie construye una ruta pavimentada desde el primer día. Se construye a pedazos, en paralelo, muchas veces sin ver todavía cómo va a conectar.
Y en algún punto de ese proceso, la vida —o Dios, o como le quieras llamar— te pone a prueba para comprobar si de verdad quieres lo que dices que quieres, o si nada más te gustaba la idea de quererlo.
Yo sí quiero. Con, sin y a pesar de.
Bienvenido a este espacio, ahora integrado, que no es el inicio de nada.
Es la prueba de que, cuando sostienes el plan aunque esté partido en pedazos, en algún momento todo se empieza a alinear.
Si quieres una ruta, un mapa, una guía concreta para hacer este mismo proceso de integración en tu propia vida, puedes revisar la información de Total Reset.
Gracias por leerme, nos vemos en 15 días o antes, si nos visita "la inspiración" Juan Pablo Altamirano
Imagen Pública – Ventas y Marketing Digital

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