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¿Cuánto cuesta emprender, lo sabes realmente?

9 sept
3 min de lectura
"Las ideas no valen nada. Lo único que importa es la ejecución." — Gary Vaynerchuk

Vaynerchuk tiene razón, y por eso esta columna no es sobre ideas. Es sobre lo que casi nadie está dispuesto a pagar para ejecutarlas. (te lo dice alguien que lo aprendió a la mala)


La desesperación es la madre de la inventiva.


No son pocos los que cuentan, en sus historias de éxito, el sufrimiento y las carencias que tuvieron que atravesar antes de convertirse en referentes de su industria; ahí están Ray Kroc y el coronel Harland Sanders, o alguien menos conocido pero igual de contundente: Wally Blume. Los tres decidieron emprender pasados los 50 años. Se convirtieron en referentes para el mercado, igual que hoy lo son Jeff Bezos o Elon Musk —personas que viven vidas que muchos sueñan año con año, sin que nada cambie en la suya.


Cada inicio de año, cada crisis, cada reinicio personal despierta ese espíritu emprendedor: al menos el empuje inicial para lograr un cambio. Pero casi siempre se queda ahí, en la estratosfera, ni siquiera en un papel.


Libros van, libros vienen, y por alguna extraña razón, muchas de las grandes ideas que se exponen, se debaten y se presumen en cafés, restaurantes o bares se quedan exactamente ahí: plasmadas en la vía láctea de los sueños, sin acercarse nunca a la realidad. Más allá del gasto de saliva, no sucede nada.


Hombre joven en camisa de mezclilla, con los primeros pasos de su emprenidmiento, un rack con prendas, cajas vacias y un anaquel

El precio que nadie quiere pagar


¿Por qué?


La respuesta es más sencilla de lo que parece, y también más incómoda: porque no estamos dispuestos a pagar el precio.


La gente tiene prisa por hacerse millonaria, quiere resultados con el primer contenedor que coloca en el mercado o el primer día que abre al público -un reflejo, por cierto, de una economía bombardeada durante años con la fórmula mágica del éxito-.


Primero se creyó que con tener una página web el negocio se duplicaría solo, pero casi nadie consideró la experiencia de usuario. Luego se creyó que un "secreto" cambiaría la vida para siempre; nadie contaba con el poco compromiso de sí mismos, para cumplir las tareas, que ese secreto exigía. Después se creyó que abrir una cuenta de redes sociales los pondría en el mapa de forma automática; ¡ah! pues ahora resulta que la gente, hace viral y famosa a cosas y personas muy extrañas, y casi nunca, respecto de lo que tú publicas.


Cada crisis económica reparte las cartas de nuevo: pone el piso parejo en industrias enteras y convierte la carrera en un reinicio. Quien se preparó durante el bache puede capitalizar lo que viene después. Quien esperó a que se le pasara el susto, sigue exactamente donde estaba.


Las preguntas que sí tienes que responder


Sin embargo, la pregunta —y perdón que insista— sigue siendo la misma: ¿estás dispuesto a pagar el precio de conseguir lo que te has planteado?


Dejar de hacer o empezar a hacer, cambiar y aprender, practicar y seguir practicando cualquier actividad que eso implique algo nuevo o esfuerzo de manera diferente, tiene un costo para ti, y no necesariamente es monetario. Quizás valga la pena revisar ese objetivo, negocio o cambio de vida que traes en la cabeza y ser honesto sobre lo qué vas a tener que sacrificar o qué conocimientos te faltan para conseguirlo.


¿Es lo suficientemente motivante como para dedicarle tiempo de verdad? Si no, te vas a aburrir rápido y no vas a ser constante. A mí, por ejemplo, me encanta escribir y exponer mis ideas —por eso puedo sostenerlo en distintos medios sin que se sienta como una obligación.

¿Se puede monetizar rápido vía redes sociales? Aprovecha la tecnología para llegar a más gente, pero entiende que la forma en que comunicas el mensaje decide si la gente se engancha con el contenido o lo desliza sin verlo. Te va a tomar 90 días optimizar tu perfil en redes sociales, pero si haces lo que te toca, vas a tener ventas antes de cumplir ese plazo.

Poder lograr lo que te propones no depende de creer que puedes lograrlo. Depende de estar dispuesto a pagar el precio, todos los días, aunque nadie esté viendo.

No vendo positividad, hablo de responsabilidad. Si ya decidiste que sí estás dispuesto a pagar el precio y quieres que la estrategia de marketing y ventas no sea la parte que te frene, hablemos: altamiranojp9.com/ventas-marketing.

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